Si miramos con atención, en nuestros hogares está lleno de objetos que compramos, adquirimos y luego guardamos casi sin razón por si en algún momento de nuestras vidas lo necesitamos o pueden cumplir alguna función. Un claro ejemplo es el Palo de Agua. Originalmente el Palo de Agua o Lluvia es un instrumento musical indígena utilizado en los rituales de lluvia (Wikipedia), construido con un trozo de caña ahuecado y en cuyo interior se incrustan pedacitos de caña de bambú dispuestos en forma de espiral y se rellena con semillas o piedritas pequeñas que con el movimiento suave emulan el ruido de la lluvia o el agua corriendo. Hoy en día es mas un artículo de decoración o una curiosidad que algún artesano o visionario utiliza para hacer dinero. Para nosotros, en nuestras casas, no es mas que un objeto  que junta polvo y estorba.

De igual forma, nuestros hogares están llenos de objetos similares como ositos de peluche, cables viejos de electrodomésticos que no funcionan o ya no tenemos, papelitos en el escritorio con notas que ya no sirven, prendas de vestir que ya no nos quedan y que jamás nos volverán a entrar por mas que hagamos dietas o nos quiéramos introducir en ellas a la fuerza. La acumulación de estos objetos lo único que provoca es desorden, suciedad y trabajo de mantenerlos ordenados y limpios. Por consiguiente, ademas del gasto monetario innecesario, implican una perdida de tiempo muy grande, que virtualmente podría ser utilizado en actividades productivas o simplemente en regocijarnos en nosotros mismos de la forma que mas nos plazca.

Por mas que esos objetos nos molesten, muchas veces no podemos deshacernos de ellos. Los guardamos por si acaso nos vayan a servir y muy pronto tendremos mas objetos similares acumulados junto a ellos o desperdigados por toda la casa, pero por que lo hacemos? Por que adquirimos dichos objetos y por que nos cuesta tanto deshacernos de los mismos? Muchas veces, ese tipo de objetos llegan a nuestras vidas de manera colateral, como complemento a un electrodoméstico comprado, como regalo de alguien que queremos o por que alguien lo olvido en nuestra casa la única vez que vino a visitarnos y se lo guardamos para la próxima vez que lo veamos. En otras ocasiones, conscientemente las compramos por que nos gustaron y tuvimos el impulso de obtenerlas, por que nos hace sentir bien, porque hoy tenemos el dinero y aunque no lo necesite en este momento la última vez que lo quise comprar no tenía dinero y tal vez lo vaya a necesitar en el futuro o simplemente para sentirnos realizados. Luego de que están en nuestros hogares, se nos hace muy difícil deshacernos de ellos porque tal vez, el cable del monitor viejo me sirva para usar con el nuevo monitor que compre, aunque este traiga uno incluido  o distinto. El osito de peluche que nos regaló nuestra novia o novio en la primera cita y que esta lleno de polvo dentro del armario abajo varias cajas de zapatos debe permanecer ahí para recordar todo el amor que sentimos cuando nuestro peor es nada llego a nuestras vidas.

Muchas veces tendemos a dar un valor emocional a los objetos que no nos permite tirarlos al no ser que sean reemplazados. Otras veces nos sentimos inseguros de deshacernos de ellos por que no sabemos si en la eventualidad de necesitarlos vamos a poder adquirir uno nuevo. Una persona normal puede acumular objetos, pero llega un momento en que se ve obligado a desprenderse de ellos y los tira. Otras personas, en casos extremos, no logran hacerlo y acumulan objetos hasta volverse esclavos de ellos. Este tipo de comportamiento puede transformarse en un desorden llamado Síndrome de Acumulación. Eso no quiere decir que por no vaciar nuestro armario tenemos dicho síndrome, tampoco que debemos agarrar una bolsa y tirar toda nuestra ropa, pero muchas veces debemos tomar la situación por el volante y conducirla en el sentido que es mas beneficioso para nosotros. Desprendernos de objetos innecesarios generará espacio libre para organizar en mejor forma los objetos que realmente son útilies y las actividades nos provocan placer o beneficio. Tirar todos esos objetos que realmente no tienen un lugar en nuestras vidas nos hará sentir mas livianos, liberados y cómodos en nuestro hogar, haciendo del mismo un espacio mucho mas utilizable y confortable.

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One Response to “Por que no puedo tirar las cosas viejas”

  1. Luís O. says:

    Interesante artículo, para reflexionar. Creo que el síndrome de acumulación se relaciona también con el del comprador compulsivo. Permíteme contarte una historia que me ocurrió no hace mucho…

    Andaba de paso por la capital y visité a unos parientes, justo cuando salían a comprar provisiones, así que les acompañé. La visita al supermercado fue toda una odisea que duró 2 horas: el vehículo quedó tan lleno que de suerte no tuvimos un accidente. Llegados a la casa me ofrecí para ayudar a descargar las bolsas, un cerro de productos en el living principal y me pregunté si acaso pensaban hacer una fiesta e invitar a la villa entera. La sorpresa me la llevé cuando comenzaron a clasificar cosas y me pidieron llevar unas latas al refrigerador… la cocina estaba repleta de productos sin consumir. Comprobé con horror que el “refri” estaba repleto hasta sus cimientos de alimentos perecibles, todos en perfecto estado. Me sentí como en el supermercado otra vez.

    Le expliqué a mis parrientes que no había espacio en la cocina para guardar las latas. El jefe de casa tomó un enorme canasto plástico y comenzó a tirar en él los alimentos que a su juicio estaban vencidos, luego lo sacamos al patio y comenzamos a llenar bolsas vacías con los alimentos “vencidos”… y así llenamos 3 canastos, unas 15 bolsas. Finalmente las sacamos de la casa para que el camión de la basura se llevara otro cerro de alimentos y productos nuevos que nunca usaron.

    Como los tíos son del tipo que siempre tienen la razón en todo, no gasté energía en explicarles que su proceder era impresentable, aparte de comprar a destajo y sin ningún criterio, promueven la contaminación en una escala sin precedentes. Cuando les pregunté porqué no habían consumido esos productos me dijeron “no te preocupes sobrino, así hacemos las cosas acá”. Ese mismo día me fuí y llené mi mochila con algunas bolsas que pude rescatar antes que se las llevara el camión. Más tarde comprobé que ninguno de los productos estaba vencido.

    Los días siguientes visité a otros parientes y conocidos que han vivido toda su vida en la capital y la mayoría se abastecían de forma similar. En el viaje de regreso a mi hogar comencé a hacer cavilaciones y llegué a la conclusión que las grandes ciudades enferman al ser humano… en mi vida jamás había visto tal despilfarro de tiempo, dinero y productos manufacturados. Un hecho interesante que constaté es que la gente que vive de este modo no tiene interés por culturizarse, carecen de libros en casa o material de estudio y toda su vida gira entorno a los carretes, a la TV y al ocio, no hacen deporte pero tienen trabajos lo suficientemente buenos como para pagarse esa forma de “vida”.

    Las materias primas del planeta se agotan, la humanidad crece en forma exponencial, y el mundo no dará abasto para sustentar a las especies al ritmo de las grandes ciudades.

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